Miguel Hernández – Elegía a Ramón Sijé

Miguel Hernández

Miguel Hernández Gilabert (Orihuela, 30 de octubre de 1910 – Alicante, España, 28 de marzo de 1942).

Este poema lleva acompañándome desde que tenía 13 años.

 

ELEGíA A RAMÓN SIJÉ

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería.) 
(10 de enero de 1936) 

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano. 

Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
 
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento. 
 
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado. 
 
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida. 

 

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo. 

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada. 

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta 

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes. 

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte 

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de mis flores
pajareará tu alma colmenera 

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores. 

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
 

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
 

A las aladas almas de las rosas…
de almendro de nata te requiero:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Firma de Miguel Hernández

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Una Respuesta a Miguel Hernández – Elegía a Ramón Sijé

  1. Miguel Hernandez

    Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,
    que son dos hormigueros solitarios,
    y son mis manos sin las tuyas varios
    intratables espinos a manojos…

    No me encuentro los labios sin tus rojos,
    que me llenan de dulces campanarios,
    sin ti mis pensamientos son calvarios
    criando nardos y agostando hinojos.

    No sé qué es de mi oreja sin tu acento,
    ni hacia qué polo yerro sin tu estrella,
    y mi voz sin tu trato se afemina.

    Los olores persigo de tu viento
    y la olvidada imagen de tu huella,
    que en ti principia, amor, y en mí termina.

    Antonio Gala

    Nadie mojaba el aire
    tanto como mis ojos.
    Me decias: “Trabajas?”
    Me decias: “Ya es la hora del te?”
    Y yo no te decia: “Te amo”;
    no te decia:
    “Eres todo lo que tengo”;
    no te decia:
    “Eres la unica rosa en la que caben
    todas las primaveras”.
    Me decias:
    “Adios, hasta manana”.
    O me decias:
    “Necesitas algo?”.
    Y yo no te decia:
    “Me estoy muriendo
    de amor… me estoy muriendo”.
    Nadie mojaba el aire
    como yo.

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